Escalar es una de las mil formas que tiene la aventura. Cada día sales buscando superarte, subiendo a un lugar más alto, más difícil, más expuesto… Vuelves a casa agotado, con los músculos doloridos, o sin yemas en los dedos, pero pensando en el siguiente reto.
Eso te llena.
Pero la escalada también son las risas, el compañerismo, el paisaje, la historia de la ruta por la que subes… y para esto no tiene ninguna importancia la dificultad. Es lo que llamamos escalada de placer. Es esa escalada en la que los cantos te parecen enormes, en la que necesitas pocos hierros en el portamaterial, el la que te dices a ti mismo: “joder, qué bien escalo”.
Desde que llevamos El Refugio, cada día de Navidad los del Refu nos damos un homenaje con una clásica fácil, en la que lo importante son las tonterías que dices, las risas que te echas, las conversaciones en las reuniones, en fin, la amistad.
Y es que no queremos olvidar que más allá de socios de un proyecto empresarial que poquito a poco sale adelante, somos amigos y nos queremos seguir mimando.
Este año elegimos la vía Ezequiél del Pico de la Miel. Una clásica del año en que el ser humano pisó la Luna por primera vez. Una clásica de bello trazado que nos sirvió para aliviar el atracón de la cena de Nochebuena.
Nota: el último largo lo hicimos por la salida del Espolón Manolín, para darle un poquito más de continuidad a la escalada y para que nos diera tiempo a echarnos unas risas más.
Va por tod@s: ¡FELIZ 2016!

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